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Miquel Garcia

El humo no curará las heridas

Atravesadas por una misma preocupación —la persistencia de la violencia política en la memoria material, simbólica y afectiva de los cuerpos y de la historia— las obras reunidas en El humo no curará las heridas proponen una aproximación a aquello que permanece latente bajo los relatos oficiales. A través de distintos dispositivos —archivo, objeto, imagen o acción—, Miquel García trabaja sobre las huellas que sobreviven al paso del tiempo y sobre los mecanismos mediante los cuales las sociedades recuerdan, ocultan o transforman sus propias heridas.

Las obras presentadas —Clavos de plata, Acto de fe, Lista de libros quemados en 1939 en España y Exhumación n.º 3— establecen un recorrido que conecta violencia institucional, represión ideológica, memoria histórica y desaparición. En ellas, García desarrolla una economía formal contenida, alejada de cualquier gesto espectacular, para situar la atención sobre materiales, documentos y rastros cargados de densidad política e histórica.

En Lista de libros quemados en 1939 en España, el artista recupera los títulos de publicaciones destruidas durante la represión franquista, señalando cómo la violencia ejercida sobre los cuerpos estuvo también dirigida contra el pensamiento, el conocimiento y la circulación de ideas. La obra activa la memoria de aquellos procesos de censura y eliminación simbólica que acompañaron la construcción ideológica del régimen y que encontraron en la quema pública de libros una forma de escenificación del poder.

Siguiendo la idea formulada por Antonio Gramsci sobre la necesidad de realizar “un inventario de las huellas que han determinado nuestra historia política, como el primer paso para empezar una elaboración crítica”, varias de las obras de la exposición se articulan a partir de restos, documentos y marcas materiales vinculadas a episodios de violencia política, represión y desaparición. García trabaja así sobre aquello que persiste de manera fragmentaria en el presente: cicatrices urbanas, libros censurados, objetos desplazados o rastros apenas visibles que sobreviven al desgaste del tiempo y a los procesos de invisibilización histórica.

Sin recurrir a una representación directa de la violencia, las obras operan desde la insistencia sobre aquello que permanece: fragmentos, vacíos, restos o señales que continúan interpelando el presente. El humo no curará las heridas plantea así una reflexión sobre las formas en que las sociedades gestionan sus memorias traumáticas y sobre la imposibilidad de clausurar completamente determinadas heridas históricas. El humo —como imagen de combustión, desaparición u ocultamiento— no elimina las huellas; apenas las desplaza momentáneamente antes de volver a hacerlas visibles.